Alonso Gutiérrez: la verdad.

La verdad es que me repito mucho. Pintar los barcos de pesca, los viejos botes pesqueros de mi infancia en Progreso, han sido mi pasión. Lo que más me obsesiona. ¿Nostalgia? Seguramente.

Yo hacía temporadas con la familia en el viejo barrio de Xculucyá a un costado del muelle nuevo y en la playa cercana a la casa había un astillero donde fabricaban grandes barcos para la pesca de altura¸ barcos huachinangueros… y ese olor a estopa y a humedad de concha, el aroma de la madera barnizada, se me quedo grabado en la memoria. Hoy, si veo barcos de fibra de vidrio o de material plástico, los transformo en los veleros de la infancia y juventud. Claro, me repito, ya lo dije, pero de esa misma repetición voy buscando simplificar y también conseguir, no sólo elementos formales sino también matices de color. Es tarea difícil, complicada, pero muy placentera… ¿Cómo plasmar una ola si no pintamos una ola de verdad? Ahí radica el problema del artista en la figuración o en el abstracto. Pero en definitiva, el color es lo importante para mí. Soy Yucateco y a nosotros nos influye el medio; la luz y el colorido de esta tierra. Las modas y otras tendencias del centro de la república se van quedando atrás cuando tocamos lo que en verdad es nuestro y nos conmueve. la pintura gris, la opaca, es producto del Distrito Federal y su influencia europea. Ellos, los de la ciudad de México, se mantienen al tanto de las corrientes extranjeras y les influyen sobremanera… Quiero decirte con esto que los artistas no nos damos por generación espontánea. Somos producto del ambiente y desde luego de los pintores que nos precedieron, de los grandes artistas del modernismo, sobre todo.




Fuente: Manuel Calero. En voz de los pintores.

Instituto de Cultura de Yucatán. 2003

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